Fuimos un equipo de nueve personas a Uganda durante quince días al principio de junio. Seis miembros del equipo somos voluntarios de la organización Juventud Con Una Misión (JCUM). Tres son estudiantes de una Escuela de Discipulado y Entrenamiento (EDE) de cinco meses con un enfoque de ser «Voz por los que no tienen voz», orientado hacia la justicia social y la misericordia.

Niños en el barrio marginal de Katwe, Kampala. Foto: Sonja Eichenhofer

Esta escuela consta de tres meses de fase lectiva durante los cuales los estudiantes desarrollan tanto su carácter personal como su relación con Dios. Cada escuela tiene un enfoque diferente con algunos temas comunes a todas las EDEs. Los alumnos están entrenados para llevar el mensaje y el amor de Dios a otras culturas y otros países, aprendiendo acerca de la diversidad de las culturas y participando en los propósitos de Dios para los lugares que visitamos. De esta manera, ponen en práctica lo aprendido en la fase lectiva usando distintos dones y habilidades, trabajando en equipo, y asumiendo responsabilidades en algunas áreas prácticas de la campaña.

Así que podríamos decir que uno de los objetivos del viaje era cumplir con el requisito de la Universidad de las Naciones para las EDEs de hacer un viaje internacional de cooperación.

No obstante, para un miembro del equipo era su segundo viaje a Uganda. Sergio y su mujer Olivia tienen en su corazón desde hace algunos años la convicción que Dios les ha llamado a extender un brazo de apoyo y ayuda a Uganda y en 2018 hicieron un primer viaje exploratorio para ver qué tipo de necesidad había y donde podrían encauzar sus esfuerzos.

En este segundo viaje a Uganda, volvimos a visitar a personas y lugares que Sergio y su mujer habían conocido el año anterior. Este año pudimos llevar bolsas de ropa, juguetes y material escolar para donar a niños necesitados en casas de acogida y ministerios de compasión.

Por otra parte, vimos que, con un importe relativamente pequeño de dinero, pudimos dar un apoyo muy práctico. Por ejemplo, una amiga había donado 50€ y con esta cantidad de dinero compramos un saco enorme de arroz para una casa de acogida con 30 niños. Otra donación iba para comprar artículos de primera necesidad para prisioneros en una cárcel.

En otra casa de acogida, donde una mujer que conocemos como Mama Dorah, ha acogido a 12 niños necesitados en su propia casa, no había siquiera un cuarto de baño ni saneamiento. Pudimos darle dinero para habilitar el cuarto de baño y la canalización hacia una fosa séptica. Ya está hecha la obra y significa un cambio cualitativo en la vida de los niños.

Otro objetivo de este viaje fue conocer a nuevas personas y oportunidades, dado que pensamos que Uganda es una puerta que Dios ha abierto y donde estaremos enviando equipos durante muchos años.

En este sentido pudimos colaborar con una misión, católica originalmente, pero que colabora con otras confesiones, llamada Mercy for Life. Trabajan en un barrio pobre donde están ayudando de manera práctica a sus vecinos. Un ejemplo de ello es la construcción de cuatro letrinas en un barrio que carece de saneamiento (fue un proyecto conjunto con JCUM Chico, EEUU). Acogen y escolarizan a niños necesitados y es evidente que cuidan de ellos de forma integral: física, espiritual y emocionalmente. Mercy for Life actúa en muchas otras áreas, como ayudando a mayores, ministerio en la cárcel, apoyando a comunidades locales para proveer acceso a agua limpia y segura, apoyando a madres solteras y ofreciendo a muchos pobres la posibilidad de acceder a ayuda médica para cirugías o partos en condiciones sanas y seguras.

Podemos decir que cumplimos con nuestra misión en Uganda. Solo estuvimos dos semanas, pero trabajamos con una cultura muy distinta a la nuestra; colaboramos con los africanos de muchas maneras diferentes, mostrando amor y compasión a niños y mayores en distintos ambientes: en la calle, en la cárcel, en la iglesia, en colegios e institutos. Cada miembro del equipo trabajó dándolo todo, asumiendo responsabilidad, poniendo buena cara cuando surgieron problemas. Considerando todo, fue una buena experiencia. Quizás una gota en el océano si pensamos en toda la necesidad de este país, pero para los que pudimos alcanzar puedo afirmar que fue una aportación positiva.

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Karen Chambers