Una semana después de nuestra llegada a Uganda, subimos a un taxi tipo mini-bus con todo nuestro equipaje, pero ya con solo la mitad de las bolsas de ropa, y nos dirigimos hacia Masaka, más al sur de Uganda, cerca del lago Victoria.

En Masaka, nos alojamos en un instituto privado de secundaria, cuatro chicas en una habitación, tres en otra y los dos hombres en otra. Nuestra anfitriona, la pastora Beatrice, había contratado una cocinera, Louise, que nos acompañó en el taxi desde Kampala.

Pastora Beatrice

El tiempo en Masaka fue muy diferente a lo que habíamos vivido en Kampala. Aquí, principalmente, íbamos a iglesias que están bajo la supervision de la pastora Beatrice, la mayoría en zonas rurales de difícil acceso.

Esta mujer increíble supervisa unas quince iglesias y está levantando pastores para cada una de ellas. Por otra parte, apoya a las casas de acogida y los colegios que visitamos.

El primer domingo ministramos en la iglesia principal, en Masaka mismo, al lado del instituto. Fue un culto especial para jóvenes y los habíamos oído ensayar bailes y canciones desde las siete de la mañana. Su energía y pasión fue increíble. Vimos el favor de Dios sobre nosotros, a pesar de que algunos miembros del equipo no se encontraban bien físicamente. Hicimos un drama, compartimos testimonios y predicamos. Unas diez personas entregaron sus vidas al Señor y muchas más renovaron su compromiso.

Esa misma tarde, más miembros del equipo empezaban a enfermar. Al final una terminó pasando la noche en el hospital. Tenemos que agradecer toda la atención y cuidados de la pastora Beatrice y su marido Mark, que es médico, y habló con nosotros por teléfono para tranquilizarnos. También nos pusimos todos a orar y pedir a Dios que nos sanara. Creo que lo peor fue el no saber por qué nos estábamos enfermando. ¿Sería malaria? ¿O cólera? Al final, solo fue gastroenteritis, pero en algunos casos con deshidratación y vómitos.

Con este panorama, el lunes por la tarde salimos sola la mitad del equipo para visitar una casa de acogida que queremos apoyar. Los responsables son Mama Dorah y su marido David y han acogido en su casa humilde doce niños necesitados. Pudimos entregar una bolsa grande de ropa y juguetes. Luego hicimos un programa para ellos, aunque tuvimos que improvisar, dado que nos faltaban algunas personas muy claves para las canciones y bailes. Pero el Señor estuvo con nosotros y los niños lo disfrutaron a tope.

Más adelante, pudimos bendecir a este hogar con un donativo para construir un cuarto de baño y poner saneamientos hacia una fosa séptica, lo cual evitará muchas enfermedades y aporta desde ya una calidad de vida mejor para estas personas.

Visitamos a otra casa de acogida a cargo de Mama Florence, ésta con 30 niños. Nos contaron la historia de cómo empezó a acoger a niños en su casa y muchas historias de la provisión de Dios a lo largo de los años. Pudimos regalarle un saco de arroz y también un fútbol. En esta casa, después de compartir unos testimonios, pudimos orar con los chicos. Ben ministró sanidad y un chico se sanó de inmediato. Luego, otro chico pidió oración y Ben instruyó al primer chico como imponer manos y ministrar sanidad. ¡El discipulado in situ! Dios responde a la obediencia y la fe y el segundo chico también se sanó.

En las iglesias, el plan solía ser hacer un drama, compartir testimonios, predicar y hacer un llamado. La gente siempre respondía. Primero al mensaje y después también al llamado para recibir sanidad o liberación. En una sola iglesia, 27 personas fueron sanadas.

Y por último, también tuvimos la oportunidad de compartir en dos escuelas: una de primaria y la otra, donde estábamos alojados, de secundaria. Estos chicos eran tan abiertos y amables con nosotros y muy receptivos a todo lo que compartíamos. Silvana, Sergio y Sonja compartieron sus testimonios y después pudimos orar por estos chicos tan encantadores.

Fuimos a Uganda en obediencia a lo que sentíamos que Dios nos decía y el viaje ha sido posible gracias al apoyo de muchas personas: de nuestra base de JCUM en Madrid, la apertura de la base en Kampala, donaciones, apoyo práctico y oraciones de familiares, amigos e iglesias en distintas partes del mundo. ¡Gracias! Sois parte de lo que Dios hizo en estos quince días en Uganda.